El día 13 nos
tocaba ir a l'Eixample, era el último día, estábamos muy cansadas del
cansancio acumulado de los otros días, el calor tampoco ayudaba mucho y
hacía que estuviéramos mucho más agotadas. Pero, era la última jornada que nos
tocaba, así que decidimos disfrutarla y hacer el trabajo que tocaba y bien
hecho.
Como todos los
días, quedábamos a las 8 en la parada del Pont d'Esplugues. Éste día, en especial
era el trayecto más largo, pero no tuvimos ningún problema porque el día
anterior lo dejemos preparado las combinación que teníamos que coger, para ir
hasta la Pedrera que allí fue donde quedamos con el resto de la gente.
Como siempre
llegábamos 30 minutas antes, así podíamos planificarnos las tareas que teníamos
que hacer hoy, y también poder desayunar.
Acabamos todo antes
de tiempo, ahora tocaba ir a la Sagrada Familia pero tuvimos un percance, ya
que nuestra compañera Sara no se encontraba muy bien, y decidimos irnos a casa.
Me gusto este itinerario y sobretodo la visita guiada a La
Pedrera, ya que no fue muy pesada y era muy interesante. Ver la Pedrera por
dentro fue muy divertido y muy emocionante. 
El plà de l'eixample concedido por Cerdà empezó a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, la industrialización había originado una gran necesidad de mano de obra en Barcelona. La ciudad se convirtió en un recinto apretado donde la calidad de vida era tan pésima que provocaba constantes guerras. La densidad llegó a los 890 habitantes por hectárea, casi el triple de las ciudades como París o Madrid y diez veces la de Londres. Las calles tenían una anchura mediana de 4 metros y las edificaciones a menudo estaban tan cercas que se podía pasar directamente de la azotea de un edificio a otro. Cerdà había hizo un plano topográfico del Plano de Barcelona y lo aprovechó para redactar en el año 1855 un anteproyecto de agrandamiento de la ciudad. Este anteproyecto mostraba ya las linias generales del que sería el "Proyecto de Reforma y Ensanche de Barcelona" (1859) hecho por encargo directo del Ministerio de Fomento. La ciudad planificada por Cerdà era irregular, sin diferencia entre centro y periferia; abierta, con calles anchas, islas abiertas, jardines, edificación baja e igualitaria, sin clases sociales separadas. El Proyecto de 1859 organiza la ciudad nueva en una trama octogonal de calles de 20 metros de anchura y con vías de 50 metros que servirían para poder atravesarla y comunicar las poblaciones de al lado. El espacio entre los vehículos y las personas que pasavan por las callese también se reparte a partes iguales: Habian aceras de 5 metros y calzada de 10 metros.
Los edificios fueron pensados como
viviendas que podien vivir muchas familias de cuatro pisos de altura máxima,
levantados a sólo dos de los lados de cada isla y con espacios con jardines
entre ellos.
Para hacer realidad el
igualitarismo entre las diferentes zonas,Cerdà propone la división de la ciudad
en agrupaciones de barrios (5 x 5 islas), distritos (10 x 10 islas) y sectores
(20 x 20 islas) de forma que cada una de estas áreas tengan los mismos
servicios y equipamientos. El proyecto de Cerdà no fue muy acogido por las
autoridades municipales ni por los propietarios de los terrenos donde se tenía
que construir. de Proyectos por el Ensanche que ganó el arquitecto Antoni
Rovira y Trias, con una propuesta muy diferente de la de Cerdà. Él pelanteaba una ciudad monometalista, con
calles de 12 m de anchura máxima que convergían hacia el inicio de las Ramblas
y pensada para ser habitada sólo por las clases altas. Los propietarios, su
parte, consideraban una barbaridad la escasa edificabilidad que permitía el Pla
Cerdà, como un derroche del espacio y, por lo tanto, una traba innecesaria para
conseguir el máximo beneficio. Por otra banda los arquitectos lo acusaban de un
único color. Todo y esta oposición el gobierno central ratificó al 1860 el Pla
Cerdà para urbanizar el nuevo ensanche barcelonés. Éste planteaba una ciudad
monometalista, con calles de 12 m de anchura que llegavan hacia el inicio de las Ramblas y pensada para
ser habitada sólo por las clases altas. Los propietarios, su parte,
consideraban una barbaridad la escasa edificabilidad que permitía el Pla Cerdà,
como un derroche del espacio y, por lo tanto, una traba innecesaria para
conseguir el máximo beneficio. Por otra banda los arquitectos lo acusaban de
monótono. Todo y esta oposición el gobierno central ratificó al 1860 el Pla
Cerdà para urbanizar el nuevo ensanche de las calles.
El area del trapecio formado por diagonal, Passeig de Gràcia, Passeig de Sant Joan y Gran
Vía es de 800.000m2 y
su perímetro 3.500m.


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